El infierno abrió sus puertas en El Teatro Flores: Behemoth, Deicide y Nidhögg en una noche de poder extremo
Tres bandas, tres estilos y una misma energía: oscuridad, fuerza y devoción por el metal. Una noche que quedará marcada en la memoria del público argentino.
Crónica del show de Behemoth, Deicide y Nidhögg en El Teatro Flores, Buenos Aires. Un repaso por cada presentación, su energía en vivo y el ritual visual que convirtió la noche en un acontecimiento inolvidable.
Nidhögg – El rugido inicial
La noche comenzó con la potencia de Nidhögg, encargados de abrir el ritual oscuro que se vivió en El Teatro Flores. Desde el primer acorde, el grupo desplegó una energía feroz que rápidamente conquistó al público. Con una puesta en escena intensa, luces rojas y riffs afilados, lograron encender el ambiente y preparar el terreno para lo que vendría.
Su sonido, entre lo brutal y lo atmosférico, se sintió como un golpe directo al pecho. La banda cerró su presentación con un guiño inesperado al público metalero: una poderosa versión de “Territory” de Sepultura, que hizo vibrar la sala. Fue una actuación breve, pero llena de actitud y presencia.

















Deicide – La tormenta del infierno
El turno de Deicide fue una verdadera explosión sonora. Con Glen Benton al frente, el cuarteto estadounidense desplegó un set cargado de clásicos, brutalidad y técnica. Cada tema fue un viaje al corazón del death metal más puro, con un sonido crudo que no dio respiro.
El público respondió con furia, coreando, empujando y levantando los puños en cada riff. La banda mantuvo una conexión constante con la gente, reforzando esa sensación de comunión salvaje entre el escenario y la multitud.










Behemoth – El ritual final
El cierre de la noche estuvo en manos de Behemoth, quienes transformaron el recinto en un templo oscuro y teatral. Desde su aparición, Nergal y compañía impusieron una atmósfera casi mística, en la que música, escenografía y performance se fundieron en un espectáculo hipnótico.
El setlist fue un recorrido por diferentes etapas de su carrera, combinando la brutalidad de sus primeros trabajos con la majestuosidad de sus composiciones más recientes. Cada canción estuvo acompañada por un despliegue visual impecable: columnas de humo, luces sincronizadas y una presencia escénica que parecía invocar fuerzas ancestrales.































